Nuestro 2º diálogo: Sobre la fragilidad humana (diciembre de 2021)
En el último diálogo, uno de participantes sugirió la
necesidad de tomar conciencia de nuestra propia fragilidad como seres humanos. Esto me hizo pensar ¿Somos frágiles? ¿me
siento frágil? ¿cuándo? Y, sobre todo ¿Qué
es esto de ser frágil?
El hombre no es más que una caña, la más débil de la naturaleza, pero es una caña pensante. No se precisa que el universo entero se alce en armas para aplastarlo; un vapor, una gota de agua bastan para darle muerte: Pero, aun cuando el universo lo aplastara, sería el hombre más noble que quien lo mata, puesto que sabe que muere, por qué muere y sabe la superioridad que el mundo tiene sobre él. El universo, en tanto, nada sabe de esto. Pascal
El diálogo empezó su camino oponiendo "frágil" a fuerte, poderoso, seguro,... Hay una tendencia a ocultar esa fragilidad que, por otro lado, todos reconocen. Parece que lo adecuado sería ser fuerte, tener, poder, sentirte seguro pero no frágil que te hace débil ante el los avatares de la vida.
Volvemos a la cita de Pascal ¿no será, precisamente, esa fragilidad nuestra fortaleza?
Todos nos hemos sentido frágiles alguna vez, todos reconocemos que somos vulnerables. Somos susceptibles de sufrir. Una enfermedad, una pérdida, un revés en nuestro día... nos lleva a sentir que estamos expuestos a un sin fin de experiencias que no dependen de nosotros y que tambalean nuestra existencia.
Somos vulnerables y no todo depende de nosotros.
Epicteto, filósofo estoico, nos da la clave de la felicidad: distinguir qué depende de uno y qué no depende de uno. No tenemos el control sobre todo aquello que nos sucede.
Nos sobrevienen un sin fin de experiencias que nos devuelven esta vulnerabilidad. Huir de ella nos hace sufrir, aceptarla nos permite conocer nuestra verdadera fortaleza. He aquí la paradoja. Presentarse ante la vida, con actitud abierta y dispuesta, no de forma ingenua, pero sí sabiendo que las diferentes experiencias dejan una huella en nosotros nos permite ser conscientes de nuestras vivencias y no andar a la deriva en una mar de emociones, pensamientos que nos engullen como olas gigantes. Sabemos que somos una caña y que estamos expuestos al viento de la vida.
La vulnerabilidad es nuestra verdadera fortaleza.
La no aceptación de los hechos, la no aceptación de esta apertura al mundo que supone la vulnerabilidad me convierte, en cierta medida, en esclava de mis propios miedos haciéndome huir en una carrera hacia adelante que nunca termina. La negación de este ser vulnerable, me hace encerrar una parte de mi en un lugar oscuro, me impide entrar en el mundo, saberme parte de la vida, Vivo a medias pues el dolor forma parte de este vivir, los claroscuros forman parte de mi existencia y me hacen tomar conciencia de mi mismo de una manera amplia.
El diálogo continua... Aceptar que soy vulnerable me permite descansar.
¿Descansar de qué?
Descansar de estar alerta, de estar a la defensiva. Descansar de estar en lucha.
¿Descansar dónde?
Descansar en mi, aceptando mi propia naturaleza.
El diálogo terminó reconociendo que la vulnerabilidad forma parte de nosotros. Cuando nos presentamos ante el otro desde esta vulnerabilidad estamos abiertos a que la vida nos atraviese y nuestra mirada es amable pues reconocemos que todos somos susceptibles de ser dañados. Entonces, se abre el espacio al cuidado... al cuidado de uno y al cuidado del otro.

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