Nuestro 1r diálogo: sobre la actitud (noviembre de 2021)
Definición de la RAE: “Disposición de ánimo manifestada de algún modo”
Empezamos nuestro diálogo a partir
de esta definición y las siguientes preguntas:
¿Qué entendemos por actitud?,
¿Qué actitud tomamos ante la vida?, ¿Podemos transformar nuestra vida si
transformamos nuestra actitud?, ¿Qué sería la actitud filosófica?
Entendimos que algo de
nosotros se manifiesta fuera.
Se trata de mi modo de estar
en el mundo, podríamos decir. Este personal modo se relaciona con la manera que
cada uno tiene de comprender el mundo, de interpretarlo. Es decir, yo, manifestada hacia afuera le digo
al mundo como es. Pero, entonces ¿no es mi mundo objetivo?
En nuestra realidad
cotidiana, el hecho, lo que ocurre, está envuelto en capas que tienen que ver
con nosotros, con lo que pensamos, con nuestros valores, con nuestras creencias.
Esta interpretación se nos aparece como la verdad, no solemos ponerlo en duda;
por tanto, no percibimos que es una interpretación y que lo que nos rodea puede
ser susceptible de otras interpretaciones.
Marco Aurelio, filósofo estoico el siglo II d.C. en sus
Meditaciones nos da una pista y nos dice:
“Que todo es opinión y ésta depende de ti.
Acaba, pues, cuando quieras con tu opinión, y del mismo modo que, una vez
doblado el cabo, surge la calma, todo está quieto y el golfo sin ola.”
¿A dónde nos quiere llevar? ¿Qué
nos invita a pensar?
Nuestros pensamientos dibujan nuestro mundo. Hay una falsa
objetividad en nuestra experiencia. Una cosa son los hechos, otra mi interpretación
de los hechos.
Epícteto, filósofo griego del S. I d. C. nos da otra pista y
nos dirá que hay cosas que dependen de nosotros y otras que no. Distinguirlas
es la clave de la felicidad.
Cuando sabemos qué depende de nosotros, podemos actuar,
podemos tratar con eso, pero sobre lo
que no depende, no cabe ninguna posibilidad de actuación.
Me sucede algo y lo interpreto como una desgracia, como una
ofensa… y lo vivo desde ahí, reaccionando a aquello que creo que es perjudicial
para mí (vimos que valía igual si lo poníamos en positivo y pintábamos la vista
de color de rosa, alejando sus espinas). Este sería un ejemplo. Pero ¿qué
pasaría si me silenciara? ¿Si no le dijera a ese hecho lo que es? Y ¿desde ese
silencio, distinguir qué depende de mí y qué no?.
Nos dimos cuenta que, en la mayoría de casos, son nuestras
creencias las que enmarcan la realidad y la fijan en una única interpretación,
¿podemos, entonces, hacer algo? Sí, dijimos. Podemos voltear nuestra mirada y
en lugar de enfocarla hacia afuera, mirar en nosotros mismos.
“De nosotros dependen nuestras acciones (opiniones,
inclinaciones, deseos y aversiones), de nosotros no dependen lo que no es
nuestra propia acción (cuerpo, bienes, reputación, honra)” Nos dirá Epícteto.
Y, sigue Marco Aurelio:
“Muchos para su retiro buscan las casas de campo, las
orillas del mar, los montes; cosas que tú mismo solías desear con anhelo; pero
todo esto es una vulgaridad, teniendo uno en su mano el recogerse en su
interior y retirarse dentro de sí en la hora que le diere la gana. En efecto,
en ninguna parte tiene el hombre un retiro más quieto ni más desocupado que
dentro de su mismo espíritu, sobre todo cuando encierra aquellos bienes hacia
los que es suficiente inclinarse para recobrar la paz. La que yo llamo ahora
tranquilidad no es otra cosa que un ánimo bien dispuesto y ordenado”. (IV, 3)
Durante el diálogo se entretejieron muchas ideas, las
palabras nacían del interior de cada uno con total sinceridad, poniendo luz,
comprendiendo a medida que las palabras se compartían.
En este punto, tomamos la pregunta:
¿Qué sería la actitud filosófica?
Llegamos a reconocer que esta
actitud no se refiere a ciertas actitudes externas si no a una disposición
interna que requiere de una presencia y una mirada atenta.
Esta nueva disposición nos
permite descubrir nuestra filosofía operativa, es decir, aquellas creencias que
realmente dirigen nuestras acciones y construyen el mundo, el nuestro. A partir
de ellas, mirándolas, siguiéndolas, sin luchar con ellas, ponemos luz en
nosotros y descubrimos pensamientos del tipo: “qué buena eres” “qué malo” “qué
guapa” “tú no vales para…” “no merezco…” seguimos el hilo de Ariadna que nos
lleva ante el minotauro y el minotauro desaparece a la luz de la comprensión.
Sin caer en la ingenuidad podemos estar de acuerdo con Marco
Aurelio
“Hace falta muy poco para
tener una vida feliz; está todo dentro de ti, en tu forma de pensar"
… volveríamos sobre ello.

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