Nuestro 3r diálogo: no me da la vida (enero de 2021)
Llegamos a enero cansados de todo un año. Por todas partes y entre gente de todas las edades, oigo esta frase "no me da la vida". Está claro que la expresión se ha puesto de moda, pero qué queremos decir con ella.
Reflexionamos sobre ello.
Tomando prestada la idea de la sociedad del cansancio de Byung Chul Han, iniciamos nuestro diálogo.
¿Nos sentimos cansados? ¿ Qué tipo de cansancio experimentamos? ¿De qué modo nos afecta este cansancio?
Estamos en una sociedad cada vez más tecnificada, con un alto índice de progreso, pero paradójicamente las personas están más cansadas, con más ansiedad. ¿Qué sucede?
Se supone que tenemos más horas de ocio y sin embargo, estamos agotados.
El diálogo se inicio dándonos cuenta de que se trataba de un cansancio mental y no físico aunque la mente desemboque en el cuerpo e incluso, en algunas ocasiones, lo lleve a enfermar.
Todo va rápido, no hay tiempo para la lentitud . No se puede dudar, reflexionar y, mucho menos parar. Por otro lado, se vive desde la exigencia, propia o ajena, de ser productivo y, sobre todo, de ser feliz, tremendamente feliz. Esta exigencia esconde una sombra, la felicidad no se alcanza por exigírnosla, a la felicidad no se llega como quien consigue una meta. Se abre en nosotros un espacio de escucha, de reposo, de serenidad... eso es felicidad. El esfuerzo en ocultar esta sombra, el esfuerzo en hacer ver al otro que soy feliz, mantener esta ilusión se convierte en una tarea agotadora que además nos vuelve agresivos con nosotros y con los demás."El que no comprende y cuya mente (las riendas del caballo) nunca está sujeta firmemente, jamás podrá dominar los sentidos, igual que los caballos de un auriga no pueden ser dominados por un cochero inexperto.
Remedios Zafra, filósofa del departamento de filosofía de CSIC, llama a nuestra sociedad la sociedad de la complacencia.
Si algo no me va bien, no me gusta, sencillamente tomo una pastilla o aprieto un botón.
Huyo de mis sensaciones, huyo de mi compañía, huyo de atravesar mi propio desierto. Vernos a nosotros mismos, sentirnos es, cuanto menos, incómodo. No queremos la fricción con nada; y, justo esta fricción podría ser aquello que nos ayudara a sacudirnos el polvo, el sueño: podría ser lo que nos abriera los ojos y nos invitara a mirar y, tal vez, descubrir nuestro verdadero potencial.
En nuestro duermevela nos complacemos con las
redes, por ejemplo, las series, etc. este alejamiento de nosotros mismo produce
un cansancio profundo, no un cansancio del cuerpo, sino del alma. Ese no
escucharnos nos resta energía, ánimo…
Ya no somos esclavos de otro sino de nosotros mismos, altas tasas de exigencia, de perfección, de productividad, más, más, más...
Y acabamos exhaustos.
El dialogo se iluminó, no todo está perdido. Hay quienes ya se están desperezando. Amaneciendo a la Vida, así con mayúsculas. De otro modo, ¿Qué haríamos en nuestros diálogos?

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