Nuestro último diálogo del año: la alegría (junio de 2022)
¿Cuál es mi relación con la alegría? ¿Me dejo guiar por ella?
¿Tiene
la alegría (entendida como lo hacía Spinoza, como virtud y potencia)
protagonismo en mi
vida?
¿O bien la tristeza tiene más peso?
¿Jerarquizo
las alegrías y priorizo las más amplias y profundas frente a las más limitadas
y
superficiales?
Todos mostramos una inclinación hacia la alegría. En general, la alegría era considerada motor de la vida, activadora y motivadora.
Se pudo ver como diferenciamos diferentes tipos de alegría, realizando diferentes jerarquizaciones.
Y, llegados a este punto, dialogamos sobre la tendencia a convertirnos en esclavos de esta alegría (en este sentido mal entendida); una tendencia social hacia una positividad sin fundamento. La dictadura de lo positivo, la prisión de la (falsa) alegría.
Volviendo a sentir la alegría de forma genuina se empezó a relacionar con ideas como el bien, la luz, la fuerza, LA VIDA.
Nos despedimos con un pequeño texto de Spinoza:
«Seguramente sólo una superstición triste y cruel puede prohibirnos la alegría. Pues ¿por qué sería más conveniente evitar el hambre y la sed que desechar la melancolía? Tal es la manera de vivir que he adoptado yo personalmente. Solo una divinidad hostil podría alegrarse de mi debilidad y de mi sufrimiento, y honrar la virtud de mis lágrimas, de mis sollozos, de mis temores y de todas las cosas de este género, que son evidencias de un ánimo impotente. Por el contrario, solo en la medida en que sentimos más alegría pasamos necesariamente a una mayor perfección y participamos de la naturaleza divina. Por eso, conviene que el sabio use las cosas y se deleite con ellas tanto como sea posible (aunque sin llegar al empacho, pues el empacho no es la alegría). Quiero decir que conviene que el sabio coma y beba con moderación y con placer, que goce de los perfumes, de la belleza de las plantas, de los ornamentos, de la música, de los juegos, del teatro y, en una palabra, de todo aquello de lo que podamos disfrutar sin perjudicar a los otros. Pues el cuerpo humano está compuesto de muchas partes de naturaleza diversa, que continuamente necesitan un alimento nuevo y variado, a fin de que todo el cuerpo sea igualmente apto para hacer todo lo que pueda seguirse de su naturaleza y, consiguientemente, a fin de que el alma sea igualmente apta para comprender al mismo tiempo más cosas».
.jpg)
.jpg)

Comentarios
Publicar un comentario